En el plano personal, cada planeta en Astrología representa una facultad o función del ser humano. La Luna, por ejemplo, es la capacidad de sentir y reaccionar; Mercurio es la capacidad de razonar, comunicar y aprender, y así sucesivamente.
Estas facultades, combinadas con el signo que ocupan, quedan dotadas de determinadas características y de un “modo de operación”. Cuando Mercurio está en el signo de Cáncer, por ejemplo, dota al individuo de una gran memoria (Cáncer) y de la capacidad de captar el ambiente, colocando las palabras de modo apropiado al hablar con los demás (por la sensibilidad).
La Astrología considera como “planetas” no solo a los planetas en sí, como Mercurio y Venus, sino también al Sol (estrella) y a la Luna (satélite), siendo apenas una cuestión de nomenclatura.
El Sol y la Luna se conocen también como “Luminarias”, y su importancia en el tema astrológico es de primera magnitud.
La importancia de la Luna es mucho mayor que la del signo Ascendente, cuya importancia está sobrevalorada.