La mejor analogía que podemos hacer es con el matrimonio: una unión entre las dos influencias, con lo bueno y lo malo de esa unión.
Este aspecto tiene un poder único: el de la ambigüedad.
Algunas conjunciones tienen fama de benéficas y otras de maléficas y, aunque muchas veces eso sea correcto, las conjunciones traen lo bueno y lo malo del intercambio entre los involucrados.
Cuanto mayor es el número de puntos involucrados en la conjunción, más difícil resulta interpretarla y más se presta a divagaciones sobre los posibles efectos de la influencia.
Es muy fácil equivocarse sobre los posibles efectos de la conjunción usando solo el método de la analogía.